lunes, 26 de diciembre de 2011

Asco .

Me da vergüenza existir,estar. Cioran habla de un consuelo que se va ridiculizando a medida que pasa el tiempo,a medida que se envejece la salida de la prisión se vuelve mas pesimista que el propio e inmenso cumulo de afectos y pensamientos que dirigen la vista a las afueras del claustro,donde,efectivamente,no hay. Al final uno se vuelve masoquista por excelencia,porque termina siendo siempre culpa de uno o de otros.pero uno,ese uno que es dos,solo tiene derecho a culpar a una opción. Yo.
Mas ya resta ser estoico y soportarlo todo sin queja, hasta que sea el organismo se aguantar mas y reviente todo en sangre o espumarajos. Esperar muy poco o demasiado no garantiza nada,en esto también acataremos a Aristóteles :el justo medio. No vivir tanto para no sufrir de mas,pero no tan poco que no sepamos si pudo depararsenos algún otro sino.
Las razones son intimas si son reales,no se asemejan nada a las orquestadas sobre guerras o hambre en el mundo. Uno se esfuma por situaciones cotidianas,por rutinas insoslayables. Una circunstancia,un mal momento se supera porque se le aventaja en el tiempo,se le deja atrás ,al cuerpo,por ejemplo,no se le puede abandonar. Sobre razones,creería mas en quien termina hastiado de verse viejo o destrozado de verse un muñón que del que escribe" no podía tolerar mas las injusticias que se cometen en el mundo";o muy rara vez de quien se arrepintiera por una falta moral. De todas formas ,difícilmente se puede hablar aquí de egoísmo puro,el sujeto se aniquila porque esta hecho para no poder pasar desapercibido ell
Latido agudo del prójimo ,es oficial,estamos en el infierno .

viernes, 21 de octubre de 2011

La Razón y el instinto.( el progreso y el reclamo- decido no llamarle queja.)

Es un error pensar que somos seres de instintos, y tal vez hasta de pulsiones; nuestra especialidad es la razón, es el conocimiento paulatino del planeta, de esa cosa nuestra que terminamos por denominar mundo.   Entonces, el planeta no es nuestro, pero el mundo sí.
¿Por qué levantamos la voz en afrenta del estructuralismoy la seudodeterminacion psíquica y social que termina vaciado en nuestras cabezas? Es necesario que nos adaptemos al mundo, y lo cierto es que sin cultura nosotros no podríamos arrostrar el planeta. Nacemos sin conocer nada y dependemos de otro. Y siempre terminamos por depender de otro. Una de las quejas de continuo a ciertas corrientes psicológicas es que nos muestran como seres instintuales en lugar de racionales. La razón no ha logrado poco: se enfrenta, y con esto bastaría, con las enfermedades, y encima nos da entretenimiento, sin mencionar que por ella, por el lenguaje  nos da  conciencia: y sin conciencia, ni siquiera podríamos valorar nada, y antes de ser individuos, de pretender ser uno independiente, ligado únicamente a los designios de los genes, somos seres sociales, y lo somos por naturaleza.
Los instintos pues...
Los padres nos encomiendan algo grande, y para hacerlo no nos dejan solos.
Si nos impiden tocar el fuego, sucumbir a nuestros instintos, es por que nos hacen daño. Rl padre nos encomienda ser autónomos. el Estado nos pone reglas para imponer algo que Skinner y Watson ya habían visto que funcionaba, son estímulos a base de castigos. Son viles y nos intimidan, pero todo eso es para que podamos desarrollar nuestro máximo potencial en base a nuestra univocidad.
La ciencia, una de las instancias mas privilegiadas de la razón, aunque no la única,nos produce automóviles, curas, y conocimientos del mundo( teoría sintetizadora o de la evolución, cosmología y cuantica) así como de nosotros mismos( neurología, biología), y todo eso es lo que nos da esas calorías extra para formular pensamientos abstractos. Todo esto por grandes hombres y mujeres que no se detienen a maldecir a la sociedad por imponerles un sinfin de cosas, sino que piensan y actúan(estudian y hacen tecnologías)para mejorarla y no deplorarla, por que vivimos aquí, nos guste o no. Incluso, un autor llega a afirmas que la teoria de Nietzsche no solo no es un sistema, sino que el mismo filosofo admitió que más bien era terapéutica. Otra, el mal del mentalismo causado.
Uno podría culpar a la infancia y que esta es destino y que por eso nunca serán Einstein, ni Luria, ni Hume, ni Pavlov, ni Kant, ni Bunge. Pues la verdad es que los genes interactuan con el ambiente, que el cerebro es capaz  de modificar su estructura(iq) y que la plasticidad es mayor de lo que se pensaba. Entonces, los únicos culpables de nuestra desgracia somos nosotros, incapaces de ser reproductivos o productivos en la sociedad, en eso nuestro que es el mundo( esta distinción no deja de parecer kantiana, si se le toma efectivamente como fenómeno).Con esto, notamos que el cerebro que poseemos, con excepciones, es más listo que nosotros. Que nuestro cerebro, no localizado ni generalizado ni a la manera de Gall ni de Lashley, es más complicado de lo que creemos: no nos merecemos, con excepciones, nuestro cerebro, porque muchas veces somos incapaces de abandonar doctrinas en pos de sentirnos mejor animicamente en lugar de progresar( la distinción Yo/Cerebro parece arbitraria, pero es fascinante).
Entonces, los pobres no merecen la caridad del gobierno.Y lo son porque quieren. Y los de clase media remilgosa gozan muy bien de su celular: la ilustración falló y no debió fallar.
Además, no podemos negar que para convivir, no hay distinción si somos moralistas o no: somos morales por necesidad, debemos ayudarnos por necesitad. Toda la moral no es una orden arbitraria y malvada que pesa sobre nosotros, es siglos y siglos de lucha para ver la manera de pasarla lo mejor. Y para ser un sujeto moral( tal como quería Kant, en el primer punto) uno debe o 1 sacrificar su felicidad, o 2, ser feliz con lo que se tiene y con la esperanza de lo posible asequible.
La moral ya no está garantizada por Dios, porque la moral inunda de sus frutos en la vida cotidiana, en el hecho de mantenernos en la mejor seguridad posible, y por lo general quien rompe el trato no es el Estado, es un ladron vulgar y corriente, alguien que no entiende la gravedad del problema.Calderon es parte del problema, pero no es el problema.Hubo filósofos como Aristóteles que vieron esto, que la comunion entre nosotros valia mas que la libertad, entrara cmo entrara.Y cuando un político rompe las reglas, no debemos culpar a la doble moral, no a la moral, sino al individuo desvergonzado.
Debemos soportar el complejo, porque no es sólo una culpa social, para que la razón funcione debemos inhibir nuestras respuestas inmediatas. Somos seres mediatos. La razón y sus logros, que son todos y sin excepción para lograr un entorno más favorables de los que nuestros ancestros encontraron. La razón sabe que todo está mal, pero que ella misma es la herramienta para solucionar nuestros problemas. Hace poco logro algo impresionante: un transplante de piernas, y otro de manos, de cara, en pacientes diferentes.
No vinimos al mundo a existir ni a vivir( aun si por algunos experimentos de Sperry podría decirse eso) sino a aportar y a colaborar.
La sociedad está tan bien, o tan menos peor, que ninguno de nosotros nos atreveríamos a salirnos de aquí y de ser ascetas. Porque de nosotros depende que ésta mejore, pues somos y es perfectible.

martes, 13 de septiembre de 2011

LA FORTALEZA DE CARLOS.

 Carlos se preparó como nunca en su vida, como si hubiera estado en el útero por los 15 años que tenía de vida: como si todavía colgara de él  una soga fortísima hecha de acero. Pero había ahorrado sus fuerzas por un espacio demasiado largo y estaba listo para hacerlas estallar. Se puso los pantalones más ajustados que tenía, de manera que nadie fuera capaz de ignorar su cuerpo escuálido y escurridizo; lo mismo vistió en su torso, dejando todos sus magros brazos al descubierto; nadie debía tener duda de que era homosexual, era su imberbe lógica. Ya no tenía miedo. El primer obstáculo fue sencillo de romper. Le dijo a sus padres y recibió de ellos su total y cariñoso apoyo. Luego, se consiguió un novio.
Él no era de los que usaban a los niños como pretexto para ponerse tímido en la calle: hoy saldría al exterior tomado de la mano de su pareja, Gustavo.
Gustavo era para Carlos de lo más cachondo. No podía escrutarle ni un poco sin excitarse. Fue pronto que perdió por ello su virginidad. También para Gustavo había sido la primera vez, ambos salían apenas del clóset. Ambos eran su primera experiencia. Para Carlos no podría haber mejor vida que ésta.
Hoy iba a salir a la calle y no permitiría que nadie le reclamara ni una mirada: y estaba completamente preparado para los golpes:  no era estúpido, sabía en que mundo vivía.  Desde los 11 años estudió karate y kung fu, y pronto entrenaría boxeo. En fin que no permitiría que nada, pero nada de ninguna forma, menguara su ánimo. Saldría y sería un bloque inamovible. No le iba a temer a nadie, su determinación era incólume. Sabía que para ser gay se necesitaba una particular impavidez, y él no la iba a soslayar.
Se miró en el espejo y acomodó su peinado con sumo cuidado. Miró su trasero, que apenas sobresalía de su fgura: se consideró sexy, ignorando sus anteojos y su cara no muy agraciada. Sexy y fuerte esperó el timbre.
Sonó, y de él le siguió Gustavo, más ardiente que nunca, más sensual y angelical a la vez. Se abrazaron. Se besaron. Y sobre todo, tomaron aire y se dispusieron a enfrentar a todos los enemigos, a todos los que consideraban a los alternos monstruos imperdonables. Tomaron sus dedos y dieron el primer paso.
Pasaron el parque y a los niños en triciclos, atentos. Los padres explicaban a los infantes el suceso, sin mayor pretensión.  No hubo, pues, resistencia.
Carlos, ya furioso y precavido de los adversarios,  navegó todas las costas en detalle a fin de ver quién quisiera perturbar su mar tranquilo. Empero, el mar no tenía luna. Muchas horas después, Carlos, ya relajado, bajó la guardia. Fue entonces que se acercó un sujeto bastante guapo.
- Querido, no te andes juntando con adefesios. Hacen una pareja horrible, eres demasiado bello para éste. Llámame -le dijo a Gustavo, entregándole un número telefónico.
Carlos quedó estupefacto, más todavía cuando a la vez notó las manos de Gustavo distanciarse de él y la sonrisa de su pareja crecer en dirección del extraño. Gustavo se supo entonces de una hegemonía muy distinta a la de Carlos. También guardó el número en su pantalón. Carlos no había pensado en que debió haber ahorrado fuerzas para algo como esto, esto que lo perseguiría por el resto de su vida, esto tan inmanente; que había subdivisiones dentro de las divisiones. Que había otras cosas que eran más vistas. En algún momento de sus elucubraciones ni siquiera pensó particularmente en Gustavo, sino en su juicio fugaz y su condena: era feo y eso implicaba infinitas consecuencias; y al amor no le es indiferente tan codiciado atributo. En fin, uno no se pude defender contra todo, y se quedó allí, parado, mientras veía a Gustavo irse, pues pertenecían a dos muy bien diferenciados estratos.
Fuerza, Carlos, fuerza, mucha, mucha fuerza.

sábado, 4 de junio de 2011

EL APOCALIPSIS DE DIOS.

Momento uno: La expulsión del Edén.
Hubo Dios de quedar ofendido por la molicie de la voluntad del hombre y la mujer. El omnisciente se apreciaba de ser enteramente justo con todos en la creación, así que, cuando les dijo a sus dos hijos que no comieran de aquel fruto, confió en ellos, confió en su fortaleza. Cuánta ignominia se desencadeno al desenlace. Corrompida una y luego otro, con igual culpa, por las farragosas palabras siseantes de la serpiente,  cayeron víctimas de la apetitosa fruta. Ganaron conciencia, ganaron conocimiento. Vieron patrones en donde antes había magia; ya la creación era comprensible, de repente, su mundo no era tan inimaginable: el secreto de Dios estaba ante sus ojos. Naturalmente, y precisamente por eso, Dios los expulso del paraíso:  Con tu sudor ganarás el pan, y con dolor  parirás.
Si eran capaces de ver las iniquidades que con ellos había logrado (y que Él consideraba de hecho un logro), si eran capaces de ver cuán limitado estaba su Creador  con su razón y herramientas..., cuán pelele era, entonces nadie le adoraría.
Y Su razón y pasión  le aconsejaban que ninguno era merecedor del conocimiento, ninguno, salvo Él.  Qué afrenta tan taimada le habían hecho a Él, que con tanto y desbordante orgullo les creó. Así, los sacó de la Utopía, pero no dejó de seguirles el paso.

Momento dos: La expulsión del saber.
Llevaban ya un siglo sin responderse a las preguntas claves de sus teorías.Verbigracia, no sabían nada del paso primordial entre los paquetes y lo clásico, entre lo micro y lo macro. Sí, sin duda la ciencia llevaba ya algunos avances, pero avances sin sustancia. Ya había pasado un rato desde que ciertos y eminentes hombres y mujeres  habían condenado toda empresa sobre el conocer del mundo como tal. Habían fallado, eran incapaces de saber algo, y ni el subjetivismo ni el relativismo ni el objetivismo; ni la fenomenología ni la hermenéutica, ni el método experimental, podían dar buena cuenta del comportamiento del mundo, menos aún del universo. Es más, estaban destinados a fracasar desde el inicio. Los filósofos tampoco se ponían nunca de acuerdo sobre la esencia del mundo, si fuese dialéctico u ontológico, si fuera determinado o azaroso; ni gnoseológicamente ni teleológicamente asentaban hipótesis alguna. Cierto, no faltaban las teorías, y no faltaba la teoría que desacreditará aquélla, ni las sucesivas-infinitas desaprobaciones. Si no se sabía de lo que era, entonces nada era posible decir, y ello parecía aplicar a algo que también era: el solipsismo se veía caer derrumbado. Incluso los psicólogos colgaron los guantes, tras ver cuán incognoscible era la propia psique que ellos mismos poseían  o creían poseer: no eran sino mera reacción. De la religión, los humanos no creyeron nada, sus arengas poco le importaban al oído educado. Impávido, el humano por fin dijo: "Hemos llegado a nuestro límite".
Momento tres: Vuelta del hijo.
Dios escuchó esto, quedando aturdidamente  farragoso, y diose cuenta entonces de su injusticia, así como considerándose malvado en su enojo. Les vio incapaces jamás de saber algo de Su sabiduría, les observó  en fútiles intentos de conocer su absoluta esencia:  no eran más que ratas de laboratorio  sin habilidad de nada, ¡y había temido que estos sujetos fuesen capaces de llegar a igualarle luego de comido aquel fruto! Ni el fruto ni ellos eran nada, nada ante la inteligencia que lo sabía todo, todo sin excepción.  Bien sabía Dios que ningún individuo, por dotado o virtuoso que estuviera, sería lo suficientemente tenaz para verlo a los ojos, de frente a frente; era de la humanidad completa de quien se aterraba. Pero ahora ve que, incluso todos juntos, no son una amenaza: No saben nada.
Vio Dios entonces con compasión a estos  profusos seres  y les concedió de nuevo el paraíso.Y los hombres y mujeres se dirigieron solemnes a la felicidad, que con opíparos brazos les esperaba: Nunca envejecieron, nunca padecieron ni enfermedad ni hambre. Nunca ningún mal los siguió. Y dado que el hombre hubo reconocido que nunca sabría nada y no era sino un ratón, recobró su paraíso perdido y la Utopía inconcebible. De esta forma Dios hizo justicia con su ralea, puesto que no resultaba justo castigarles por algo que no habían obtenido.
Momento cuatro: El origen de la revelación    :
Dios nunca se dio cuenta de que quien hizo su revelación no fue Él.

jueves, 21 de abril de 2011

¿EL LÁPIZ CAPRICHOSO?

 PAPEL. ---Estás loca.
LÁPIZ AMARILLO. ---Pues si es locura, nunca he despreciado la irracionalidad .
BORRADOR. ---Es mucho lo que se te ha dado. Con tantas cosas bellas y trascendentes en el mundo  y ninguna te complace.
LÁPIZ A. ---Pues es más lo que deseo, y tú nada sabes de crear, tan sólo de destruir .
BORRADOR. ---Mira, querido lápiz, lo que propones es un ultrajo a tu propia naturaleza. Ella es tu ontología más intrínseca: Nadie elige para qué ha sido creado, y Sartre se puede discutir.
LÁPIZ A. ---¿Quién lo hubiera dicho?, !te das cuenta de los pensamientos antes de borrarlos para la eternidad! No me importa si Sartre demuestra científicamente su postura, o Kierkegaard, o Aristóteles o Platón. No estoy para discutir con ellos y ni soy tan inteligente  ni tan culto para desintegrar sus exégesis. Yo sólo escribo lo que la mano del maestro escribe, aun si no se da cuenta que yo me doy cuenta.
HOJA. ---El maestro es sabio, ha hecho severas tesis sobre teleología
LÁPIZ A. ---¡No me importa que sea sabio!
BORRADOR. ---Mira, ahí trae el maestro otro lápiz.
LÁPIZ  NUEVO. ---¿Verdad que es audaz y apasionante? ¡Todas las cosas que hemos de escribir, qué gozo el nuestro! Obedeceremos con nuestro maestro a la razón por siempre.
LÁPIZ A. ---No me importa.
LÁPIZ N. ---¿Qué le sucede a éste?, para haber estado en manos guiadas por tan inasequible existencia, es irascible y pasional. Bha, qué esfuerzo fútil de energía. Piensa mejor con prudencia y endereza tu columna.
HOJA. ---Mira éste, viene con ganas. Anda, lápiz amarillo, platícale por qué estás tan de malas.
LÁPIZ A. ---Al otro lado, en la alcoba contigua, está el hijo del maestro, es grosero y es atroz, ¡qué vivacidad!, ¡qué pasión!; no sin ser a veces pomposo y ecuánime. Escribe música, es músico. Ah, tan bellos sonidos, tan ardientes y sublimes.
LÁPIZ N. ---Ahora vendrás a decir que de entre el arte y la filosofía descuella la primera
LÁPIZ A. ---Qué barbaridad, decir tal infamia. No, no ,no, desde luego que no, sería desastroso, ¿pero no me vendrás a decir ahora tú que la filosofía  supera al arte?
LÁPIZ N. ---Qué barbaridad, decir algo tan nefando, no, no, no, no. ¿O tú, papel blanco, vendrías a decir que la ciencia le aventaja a las demás?
HOJA---No,no no, pero de eso no versaba el asunto.
LÁPIZ A. ---Quiero componer música.
LÁPIZ N. ---Bueno, pues ve con el muchacho y sé su lápiz, escribe sus notas y sé así su recordatorio en el pentagrama.
LÁPIZ A. ---He dicho que quiero componer, no limitarme a trasuntos baladis.
LÁPIZ N. ---¡Ahora veo la locura!, ¡un lapiz dictando!, ¡eso sí es demencia, psicosis a la n-esima potencia!
LÁPIZ A. ---Eso quiero, no me importa, no me importa.
LÁPIZ N. ---¿Ves cuán irracional eres?, querido lápiz amarillo. Qué displacer ver a un lápiz no querer cumplir su esencia, ¡qué tragedia!, ¡qué horror!, ¡qué tristeza!, para nada serás más apto sino para escribir.
LÁPIZ A. ---Nomeimportanomeimportanomeimporta. Quiero componer, ¿no tengo yo emociones?...
LÁPIZ N. ---Pues....
LÁPIZ A ---¡Cállate! ¡ Cállate!
LÁPIZ N. ---¿Ves cuán caprichoso eres?, quieres que todo se haga a tu manera.
LÁPIZ A. --- No me importa.
LÁPIZ N. ---Qué pueril, qué asco, debías de madurar, habías de dedicarte a ser un buen lápiz. Es imposible para ti componer. Ya sé,  ve con el muchacho y guíate por su pasión.
BORRADOR. ---Pasión también tiene el maestro. A cada rato trae a sus estudiantes, y no pasa día que no hable de sus conquistas; claro, siempre conseguidas a base de la razón y de la espiritualidad.
LÁPIZ A. ---Me voy, el maestro no me extrañará, pues he tachonado todos sus trabajos, y así, no requerirá nunca más mi presencia. Ah, ya viene de nuevo, al ver sus obras así, pronto le seré prescindible.
                                                              MAESTRO:
                                                                FI FA FU
                            CUÁN CEBADO DESASTRE SE HA FRAGUADO.
          YA NOTO CON AGOBIO A MI PREDILECTO Y SUS HUELLAS DACTILARES.
                                             HAZTE DE MI VISTA Y DESHAZTE.
                                           VE A  LOS DEDOS IMPÍOS DE MI ESTIRPE.
LÁPIZ N. ---Mira, ha cumplido, el maestro lo ha ha metido en el lapicero del chico. Intentará nuestro lápiz que lo escuche. Mira, mira, hoja, nada de caso le hace el joven. Bueno, se lo advertí, nadie diga que no se lo advertí ¿eh?, ah, pero qué consuelo tan precioso, ahora está él en el arte de la música. Ah, mira la cara que tiene, parece que quiere seguir componiendo, mas resulta absurdo. Qué absurdo. Le vocifera al joven maestro. Mira, mira, intenta imponerse, el  joven maestro está luchando, forcejean.
HOJA. ---¡Qué horror!, nuestro lápiz amarillo terminará roto si pretende seguir así.
LÁPIZ N. ---¿Qué?, observa, el  músico se complace de los escritos que a fuerza produjo  nuestro amigo, las notas le han complacido. ¡En verdad  nuestro estimado lápiz amarillo tenía talento!
BORRADOR. ---Ahora viene lo peor, ya el joven intenta poner su firma.
HOJA. ---Nuestro querido lápiz amarillo se retuerce y opone resistencia.
LÁPIZ N. ---Bha, qué horror, el muchacho lo tira ya al cesto de basura. Qué absurdo, qué irracional, era un deseo, por ello ha terminado en la basura. Debió conformarse con escribir al son del músico, siendo así un ufano lápiz. ¡Qué desperdicio de talento!, y tan fino lápiz que era.  En cambio yo he aprendido hoy a ser fiel a mi índole. Ser irracional es soez. Obedeceremos con nuestro maestro a la razón por siempre.

martes, 19 de abril de 2011

SER RESPONSABLE

Y COMO RESPUESTA PERENNE VOY A TU ILUSTRE GUÍA.
SIENDO TÚ MI INHERENTE ENFERMEDAD, PIENSO PUES DESGRACIADO EN LA CURA.
ME IMAGINO LA ESCRITURA COMPLETA DE LACÓNICOS AÑOS MALVIVIDOS Y ASIMILO ALLÍ MI LEGADO CUMPLIDO. TAMBIÉN YO ESPERO NO VOLVER JAMAS, Y QUE CONMIGO NO SE HAGA EL MOLDE DE MATERIA INERTE Y CONSCIENTE, JALONEADO POR DOQUIER.
Y SI VUELVO, NO SER YO.
QUIERO FINALIZAR DE DERRAMAR MI PENSAR EN UN ABISMO LÍMPIDO PARA  ETERNIZAR UNA ILUSIÓN, UNA FALACIA, PARA SALDAR MI RESPONSABILIDAD Y DARME GUSTO. QUIERO PONER EL PUNTO FINAL PARA PODER IRME YA.

martes, 22 de marzo de 2011

LA ZAPATILLA Y EL PIE.

Juan era un chico cualquiera que pululaba en el mundo como todos los demás. Pero no era como las otras personas. Él era ferviente seguidor de la promesa del amor, un romántico inusual. Era por ello que creía en el sentimiento ideal, pues atinaba decir que en el inmenso mundo debía siempre haber una persona adecuada, una persona especial que lograra amarlo y anestesiar los mas fríos dolores que el pasado había construido y el futuro aguardaba.  Sus esperanzas confundían a sus compañeros, que veían  sus anhelos con escarnio desmesurado. Pero Juan era una persona fuerte y de convicciones implacables. No importaba cuánto los demás chicos menospreciaran sus deseos, él regresaría siempre a sus sueños. Pese a ser apenas un niño.
     Era Devorah, en aquel entonces, la chica ideal, la mujer destinada, la que haría de una taquicardia una cura persistente en la vida. Cuando se enamoró de ella era él ya un chico, había ya pasado la pubertad y ni los cambios orquestados por la biología habían mermado su idea. Devorah había sido amable con él y protegía con recelo los sueños diurnos de Juan, esto, mientras explotaba siempre su chicle. Empero, llegó para Juan el momento de acostarse con ella. Luces resplandecientes iluminaban la vida del muchacho, quien estuvo feliz de concretar su amor con una chica tan bella. Mas no obtuvo sino sexo, del cual gustó pero no le complació. Enseguida, Devorah se apartó de él, tomó su celular y presumió de Juan como de un trofeo, abandonándolo de paso.
Para sus compañeros, el haberse acostado con la chica representaba un gran triunfo, pero él no lo veía así. El consenso entre los chicos era que no existía el amor verdadero, y que no había nada como el amor predestinado en el mundo. Y Juan se  estremeció.
Corrió lejos, como nunca, con la velocidad y la ansiedad propia de la juventud. Hubo de saber entonces que el mundo era un lugar muy grande y que en él habitaban millones de personas. Juan lloró, apoyado en sus piernas y bajo la luz potente de la luna, porque lo que resultaba más importante para él había desaparecido. No obstante, pese a todo, su convicción se erradicó y dio espacio a la fe.
Miró a la luna y a un abismo que era todavía mayor que la tierra. Sus ojos verdes y su rostro frágil oraban a un cielo oscuro; fue entonces que una estrella fugaz se dirimió en el horizonte. Adquirida su fe, Juan pensó que no perdería nada si cerraba su puño y lo concentraba en su corazón con los ojos bien cerrados. Su deseo era uno de los más simples que el cosmos fuera capaz de oír: Que no le permitiera equivocarse al escoger a la persona indicada en la existencia.
Su fe no era muy fuerte, empero, pues se pasó luengos años despreciando a sus pretendientes, descreyendo siempre de las intenciones de  los otros. Era Juan ya un adulto joven cuando se arriesgo de nuevo con Samantha. Anduvo con ella en un noviazgo de lo más común. Se tomaban de la mano y Juan se aseguraba que la estrella no mentía.
Tras posponerlo un tiempo considerable, consintió él el sexo. Al desnudarse, y sin importar cuánta estimulación recibiera de ella  y  a que él mismo estaba sumamente entusiasmado, Juan  no fue capaz de obtener una erección. Desesperada, salió Samantha de la recámara. Nunca volvieron a cruzar palabras.
Con todo, un aura de bienestar recorría a Juan, pues en ella no vio lo que esperaba en alguien que debería haber rezumado  mejores afectos. Pero entonces, ¿cómo iba él a saber quién era el elegido? Con un poco más de soltura, empezó a salir con más chicas, pero la situación se repitió una y muchas más veces: su pene era incapaz de una erección.
Cierto día conoció a Erika, y la verdad era que anticipaba ya los resultados. En sus constantes salidas, Juan conoció también al hermano de ella, Manuel. Pese a que Erika era bastante conservadora, y no fue sino hasta un año después que se empezó a hablar de sexo, Manuel era todo lo opuesto.
Juan seguía sin nadie  a quien de verdad pudiera entregarse a su lado, solo, y contaba ya con 37 años, demacrado y cansado. Una ocasión, Manuel  le dijo que lo acompañara a un evento que tendría y al que no quería acudir solo. Juan, que era desde luego muy animado, se lanzó a la invitación.
En la fiesta sólo había hombres, y además bailaban entre ellos; aunque a Juan no le pareció nada excepcional, tampoco pretendía cobrar parte en eso. Ante las notas tenues del piano, Manuel , aburrido, sacó a bailar a Juan, no sin remilgos de éste. Juan, desde luego, lo tomó como un juego y, deshaciéndose de su miedo, tomó a Manuel y dirigió los pasos al compás. Hubo una química singular en el ambiente que Juan atribuyó a la extravagancia del hecho. Al terminar la pieza, los dos quedaron parados de frente, sonriendo ante su impavidez, hasta que sucedió lo imposible. En medio de su ser, y por debajo de sus pantalones, los miembros de ambos se endurecieron. Los dos pudieron sentirlo. Su semblante mutó de inmediato, viéndose a los ojos con tan inesperada sorpresa.
Para Manuel eso no representaba mayor problema, estaba acostumbrado a estos sucesos. Pero para Juan todo resultaba abrupto: ¿no era así el amor --se preguntó-- inesperado, indomable? ¿Su pene erecto y su cuerpo demandante correspondían a la sonrisa fuerte y vivaz del otro? ¿Era así el brillo singular de las estrellas? Al final, Juan había esperado ya mucho para darle importancia a la forma que adoptara esta emoción.
Erika no se fue en paz después de saber esto, pero se fue, lo que bastaba. Juan y Manuel comenzaron a salir, después a dormir juntos y a contarse anécdotas propias acurrucados en el pecho del otro.
Tiempo después hubo de volver el sexo, y pronto, todas las herramientas estaban dispuestas. Ya su pene le indicaba con palpitaciones dónde estaba el amor. Utilizaron un poco de lubricante, aunque el falo de Juan estaba ya muy húmedo y casi hacia innecesaria cualquier ayuda extrínseca. Enseguida, y a pesar de la nula práctica que Juan tenía en menesteres de este tipo, asumió con naturalidad inexplicable la posición y levantó las piernas de Manuel, colocándolas sobre sus hombros.
Al momento que introdujo su pene en el ano de Manuel, sintió lo que el pie de cenicienta con la zapatilla hecha por magia a su exacta medida. Conforme la cadencia proseguía al éxtasis, la convicción no mutaba: Eran el uno para el otro y estaban acoplados acorde a ello.

  • Y así, vivieron felices y satisfechos por el resto de sus vidas.